Los incidentes Apr18

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Los incidentes

[Socopó-Valencia] Como dice un amigo: “Me gusta pincharme y vararme porque es una oportunidad de acércame a la gente”. A mi no me gusta pincharme ni mucho menos vararme, pero es cierto que esto lo acerca a la gente.

De repente entre nosotros, lo de las motos grandes, y la gente hay una distancia implícita seguramente causada por un mundo hecho de diferencias. Pero cuando usted entra a una cauchería con sus  “motos grandes”, que cuando están pinchadas no son más que doscientos kilos de la mejor soldadura, usted es uno más con problemas y esto lo humaniza, lo acerca a la gente y de repente no hay tanta distancia implícita, pues en el piso y engrasados todos somos iguales.

Por eso hoy estuvimos todo lo cerca que se puede de la gente. Tras dos pinchadas nuestro itinerario se vio truncado por cuatro horas. Este retraso nos obligo a abandonar el paso por la casa de Juan, un amigo de Barquisimeto que se había ofrecido a recibirnos y redujo la ruta a Valencia; donde nos esperaba Sonia y Estela, dos queridas amigas que nos tenía preparado un vodka a la llegada.

Además de esto, los planes de internet que habíamos cuadrado desde Bogotá fueron un desastre por lo que estuvimos incomunicados hasta nuestra llegada a Valencia, pero  como nos dijo un motero en Caracas: si los viajes fuera fáciles sería mejor quedarse en la casa viendo tele.

Lo que pasa con los incidentes es que le quitan misterio a la vida, los grandes miedos que hay por delante se van diluyendo y de todo eso van quedando cosas maravillosas.

En el cine, además de la música incidental, se le llama incidental a todo aquello que pasa por accidente, todo lo que no se calcula y le da ese brillo que tiene la vida cuando acontece, cuando no tiene itinerario, cuando se sale de la ruta para darnos lo que sólo ella sabe darnos.

Los dejo con lo que quedó de los incidentes, fotos: