En los hoteles pasan cosas Apr25

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En los hoteles pasan cosas

[Boa Vista-Roranopolis] En un viaje de estas características uno se encuentra con todo tipo de hoteles, hoy nos tocó uno de esos que no se olvidan.

En los hoteles pasan cosas. Nosotros conocimos a Valdemir en un hotel en Bum Bum en Venezuela. Los amigos de puerto Ordaz los conocimos en un taller en Puerto la cruz, recomendado por un botones del hotel. Esos amigos nos recomendaron el hotel en Pto Ordaz y a su vez, en Santa Elena nos quedamos en el hotel de uno de ellos.

Hoy llegamos a otro hotel, uno del que no vamos a decir el nombre, queda en Rorainópolis ubicado en el corazón del estado de Roraima, que por cierto es atravesado por la línea del Ecuador, así que con esta, son dos veces que la atravieso en mi poderosa 650.

Los viajes en moto por el mundo se pueden hacer en muchas versiones. Está el mochilero, que ni siquiera puede pagar hotel, ese viaja en una 125c.c y va viviendo de manera “silvestre” por el continente; Duerme en bancas de parque y muchas veces es alojado por buenos samaritanos. En el mejor de los escenarios consigue una cama en un hostel. Este personaje reduce considerablemente los gastos y el, a diferencia de nosotros, puede comprarle mucho más que dos meses a la vida.

Estamos nosotros que viajamos en la media, no en hoteles muy costosos, no en hoteles muy perratas. Pero siempre llegan los días como hoy y cosas muy divertidas suceden.

La ruta que aspirábamos recorrer para llegar a Manaos desde Boa Vista era de 700 kilómetros, pero debido a las recomendaciones de nuestro amigo, el de la foto, quien nos ayudó mucho en Boa Vista, decidimos partirlo en dos, por esté motivo nuestra parada obligada en medio de la lluvia amazónica era Rorainópolis y este hotel es el mejor del lugar.

Este hotel, estilo colonial, queda en la avenida principal, en medio de una venta de hamacas y zapatos, que por cierto es asombroso el parecido con un local de pueblo colombiano, del corte melgar o mucho peor. Al entrar, la atención personalizada está a cargo de una mujer pequeña, que con un portugués arrastrado, le indica de manera eficiente todas las prestaciones de tan prestigioso hotel.

El baño en enchapes venecianos, de dudosísima reputación, tiene un aseo que le envidiaría cualquier estadio. Las sabanas esta teñidas de un color que hace mucho tiempo dejo de ser blanco. Y lo mejor es que tiene un aroma a nos sé qué, no sé donde, que invita a quedarse para siempre.

En conclusión son hoteles para dormir, nuestros hogares de paso, nuestras casas nómadas que a veces son increíblemente lujosas, la mayoría muy normales y a veces son como ésta. Vale aclarar que buena parte de mi carga consiste en una carpa, una hamaca, el infranqueable sleeping bag y todo lo necesario para pasa una noche de emergencia en la ruta.

En todo caso, nuestra casa de turno incrustada en el amazonas, para sorpresa de todos, es la que tiene el wifi más fino de todos.

En los hoteles pasan cosas. Hoy 10 días después volvemos a encontrarnos a Valdemir por coincidencia en el hotel contiguo. Valdemir vive en Sao Paulo, trabaja en un taller de mercedes y es un gran tipo, un viajero tremendo y un buena onda. Ha sido muy bacano encontrarnos tanto, tanto que ya somos amigos.

No importa en que hoteles, sillas de parque, casas, calles o carpas duerma, nada es una excusa para no viajar y vivir.

Mañana es el día de ponerle la cara a los caníbales.